La primer vez que vi en vivo a Petate del Muerto, me volaron la cabeza. Se lo conté a un amigo y su primer comentario fue: «¡qué nombre tan chingón!, suena a algo que aprobaría El Profesor». Para quienes no lo recuerdan, en la época en la que Olallo Rubio hacía su podcast en iTunes existía un personaje llamado El Profesor: una especie de autoridad suprema y curador musical que dictaba lo que se debía escuchar.
Petate del Muerto es sinónimo de caos, diversión y actitud. En este álbum debut dan una verdadera cátedra de rock guapachoso y sabroso, de ese que invita a persignar el piso y dejarse llevar. Con siete tracks en total, la banda demuestra que esto se trata de pasarla bien: soltarse, seguir el ritmo y fluir al compas de la psicodelia que no pierde el filo rockero.
Cada canción brilla por sí sola. Desde la cumbia satánica de Maleficio, con su bajo y teclado hipnótico, pasando por la intensidad sonora de Blues del Génesis, con su batería pegajosa y coros casi celestiales, hasta la calma de Ánima de Sola, que nos regala un solo de guitarra soberbio que respira y lentamente se expande.
Petate de Muerto no intenta reinventar el rock: lo sacude, lo tropicaliza y lo pone a bailar.
Si este debut es la carta de presentación, Petate del Muerto ya dejó claro que lo suyo es hacer música para sudarla, bailarla y perderle el miedo al desorden.

Escrito por Fercho Valdivia.
Como coleccionista de vinilos, me interesa la música más allá del sonido: su historia, su contexto y su influencia. Utilizo la fotografía y la lectura para profundizar en su evolución.
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